La misteriosa carta a Antonin Magne en el Tour de Francia de 1931
TOUR DE FRANCIA DE 1931 (la de la famosa carta...)
23ª ETAPA, Charleville - Malo les Bains,
de 271 kilómetros,
sábado, 25 de julio de 1931
La famosa carta que alertó a Magne
La última amenaza para el liderato de Antonin Magne se presentaba en esta penúltima etapa, de Charleville a Malo les Bains. Era una etapa que discurría por tierras de las Ardenas, con bastantes repechos llenos de pavés, muy conocida por los corredores belgas y también muy esperada. Preocupado por lo que pudiera ocurrir, Magne no podía dormir la tarde-noche anterior. Cansado de oírle, su compañero de habitación, André Leducq, le sugirió que leyera algo de la correspondencia de sus admiradores. Así se entretendría...
Tirado en la cama, "Tonin" se distraía abriendo las epístolas mientras esperaba la llegada del masajista del equipo para aliviarle los nervios. Quizás fuera la curiosidad, quizás el destino, pero entre aquellas cartas, le llamó la atención una de formato más grande que las demás sellada en Bélgica, cerca de donde había nacido y residía Demuysére. Abrió el sobre... La carta estaba firmada por un francés y de inmediato despertó la curiosidad del corredor. Decía así:
«A la atención del Sr. Magne:
Admirado señor Magne, le escribo estas líneas porque la casualidad me ha hecho conocedor de una información que, de seguro, le será útil, muy útil en el transcurso del presente Tour de Francia. Soy francés y vivo cerca de la familia de Demuysére y he tenido noticias, a través de una confidencia inimaginable, que su rival, con el apoyo total de su amigo Gaston Rebry, ha comunicado a los suyos que se dispone a ganar el Tour en la etapa del pavés, donde lanzará un ataque de grande proporciones. Asímismo, le indico que Gaston Rebry escribió esta tarde (con fecha 20 de julio) a su madre diciéndole que atacaría junto a Demuysére en la citada etapa de Charleville. Como francés y como admirador suyo le deseo la mayor fortuna. Le saluda atentamente J.G.».
En la carta también se informaba que en Menin, en el bar regentado por los padres del citado Rebry –especialista consumado en el pavés–, no se hablaba de otra cosa que de la ofensiva que su hijo iba a provocar para favorecer a Demuysére (tercero en la general) en la carretera de pavés que conduce a Malo Les Bains.
Nunca supo quien era J.G., pero la información le valió de mucho a Magne. El matasellos de la carta era del citado pueblo de Menin.
La misiva dejó pensativo a Magne. Le costaba trabajo creerse la confidencia, pero... ¿y si era verdad? En la cena lo comentó con sus compañeros Leducq y Pélissier. Ambos soltaron una enorme carcajada, pero la reacción de éstos dos ilustres veteranos del pelotón no desanimó a Magne. «Por si acaso, estaré atento desde la salida misma de Charleville» –se dijo para sí mismo.
André Leducq, que no era líder aquel año, se rió y bromeó con la carta durante la noche; pero Magne si tuvo la información en cuenta... Poco antes de la salida optó por colocar en su bicicleta un fuerte desarrollo –49 dientes delante y una piñata triple con el 18, el 17 y el 16 detrás–, además de unos neumáticos muy ligeros –de apenas 380 gramos– para seguir la estela de los dos clasicómanos belgas...
Bienvenidos al espectáculo: El desesperado ataque de Demuysère y Rebry, y la épica defensa de Magne
El día siguiente amaneció lluvioso y frío, y convidaba a un ataque del experto Gastón Rebry sobre el temible pavés... El belga había ganado la París-Roubaix en abril de aquel año y conocía muy bien el terreno. Estaba en su casa y era su etapa. A su compañero de equipo, Jef Demuysère, también le venía bien el terreno. No obstante había ganado allí la cercana "Omloop der Vlaamse Gewesten" en primavera.
En la salida, Antonin Magne abrió bien los ojos, miró a los rostros de unos y de otros, escrutando las miradas, intentando adivinar las intenciones de los belgas, habló con sus coequipiers para que se mantuvieran vigilantes, especialmente con Rebry y a Demuysére, y, lo más importante, desde el primer momento se mantuvo cerca de los citados.
Nada en los primeros compases de la prueba hacía presagiar las intenciones de los belgas. Bajo una intensa lluvia, los corredores rodaron tranquilos hasta Etroeungt.
Pero a unos sesenta kilómetros de la llegada (km 211), en la intrincada y zigzagueante travesía de Baslieu, Gaston Rebry atacó, como tenía previsto, a la salida de una curva, poco antes de un fuerte repecho, llevándose a rueda a un desafiante Jef Demuysére. Atacar ahí más parecía un suicidio que otra cosa, pero la pareja belga hizo hueco en poco tiempo. André Leducq, que estaba mal colocado, vio el movimiento. Tras unos momentos de nerviosismo y desventaja, él y Antonin Magne, en un esfuerzo sobrehumano, lograron contactar con el peligroso dúo. La batalla acababa de comenzar por aquellas carreteras llenas de fango, adoquinado resbaladizo, socavones, estrechos arcenes y rieles de tranvía que atrapaban a los ciclistas a las primeras de cambio...
Rebry y Demuysère, con Magne a su estela, seguían abriendo brecha. Leducq, tras dejar bien situado a su compañero, no pudo con el fuerte ritmo y cedió.
Magne, menos experimentado que los dos flamencos, sufría lo indecible en el adoquinado. Su bicicleta resbalaba una y otra vez y tenía que hacer esfuerzos gigantescos para evitar la caída. Bajo la gélida lluvia, diez..., veinte veces estuvo el líder a punto de descolgarse en los baches del pavés, por donde los dos belgas le obligaban a rodar. En solitario, herido de muerte en su liderato, se negaba a ceder. Con el paso de los kilómetros su ritmo se resentía y la fatiga era enorme, pero su acerada voluntad le mantenía cerca de sus enemigos.
En Valenciennes, cuando llevaban un minuto largo de ventaja sobre un pequeño grupo perseguidor, el francés, muy nervioso, se cayó una primera vez al saltar alocadamente sobre unos railes de tranvía y poco después repitió en otra de sus maniobras equilibristas en pleno adoquinado. Rebry evitó el accidente por poco, pero, molestado por la caída de Magne, tuvo que echar pie a tierra, perdiendo unos metros intrancesdentes con su compañero Demuysère. De inmediato, Demuysére y Rebry redoblaron su esfuerzo, dispuestos a eliminar al francés.
Magne, hundido, con el cuerpo magullado y con escalofríos por todas partes, se sentó en el arcén. Dijo que no podía más y que abandonaba. Su director trataba de convencerle, exponiéndole toda clase de argumentos para que continuara. Como veía que sus esfuerzos dialécticos no daban fruto, propinó una bofetada a su pupilo y lo subió en la bicicleta.
Tras cinco kilómetros de angustia, encendido como estaba, Magne tomó de nuevo contacto con la sorprendida pareja de belgas. No se descolgaría más. Se puso a cola de los dos, negándose a tirar. Las diferencias eran enormes con respecto al pelotón y sacar más tiempo carecía de importancia. Por su parte, los belgas maniobraban continuamente para dejarle de cara al viento con algún pequeño abanico e incluso intentaron tirarle a la hierba con algún empujón que otro. Para el francés se trataba únicamente de concentrarse en el estado de los caminos y la conversación de los belgas... «Cuando oía ¡links! en chapurreado flamenco-francés, torcía a la izquierda; cuando oía ¡rechts!, doblaba a la derecha». Magne se defendía bien, pero la pareja belga constantemente se turnaba en los ataques. Peleó por mantener el contacto y aguantó el ritmo infernal hasta el final de la etapa.
En Maubeuge, la ventaja con el grupo perseguidor era de nueve minutos; en Lille, la cosa se había ido a once; y en la meta de Malo les Bains, donde el belga Gastón Rebry se impuso al sprint, la diferencia definitiva era de 17'34" sobre un primer grupo perseguidor encabezado por André Leducq. No importaba. Antonin Magne estaba agotado, pero había resistido perfectamente el último asalto. Al día siguiente sería la apoteosis en París...
Aunque los belgas no consiguieron su objetivo principal, su movimiento no fue en vano. Demuysére se aupó hasta el segundo puesto en la clasificación general, en detrimento del italiano Antonio Pesenti.
Con este parcial fracaso en el intento de los belgas de abordar el liderato, el Tour estaba casi finalizado. Magne había resistido lo suficiente para conquistar su primera Grande Boucle.
Clasificación de la 23ª etapa,
Charleville-Malo Les Bains,
de 271 kilómetros,
sábado, 25 de julio de 1931
1. Rebry, Gaston (Bel) en 8h.08'16" (media: 33,301 kms/h)
2. Magne, Antonin (Fra) a 0'11"
3. Demuysére, Jef (Bel) m.t.
4. Leducq, André (Fra) a 17'34"
5. Dewaele, Maurice (Bel) m.t.
6. Metze, Erich (Ale) m.t.
7. Pesenti, Antonio (Ita) m.t.
8. Opperman, Hubert (Aus) m.t.
9. Stoepel, Kurt (Ale) a 18'24"
10. Vervaecke, Julien (Bel) a 23'37"
11. Schepers, Alfons (Bel) m.t.
12. Büchi, Albert (Sui) m.t.
13. Thierbach, Oskar (Ale) a 29'25"
14. Siegel, Alfred (Ale) m.t.
15. Bulla, Max (Aut/tr.) a 30'36"
(1º en la categoría de turista-routier)
16. Bernard, René (Fra/tr.) a 32'47"
(2º en la categoría de turista-routier)
17. Geyer, Ludwig (Ale) a 36'55"
18. Pélissier, Charles (Fra) m.t.
19. Di Paco, Rafaele (Ita) m.t.
20. Péglion, Louis (Fra) a 39'13"
21. Faure, Benoit (Fra) m.t.
22. Sieronski, Herbert (Ale) a 40'40"
23. Van Vierst, André (Fra/tr.) a 42'21"
(3º en la categoría de turista-routier)
24. Pipoz, Roger (Sui) m.t.
25. Orecchia, Michele (Ita) a 53'38"
26. Battesini, Fabio (Ita) m.t.
27. Bajard, Louis (Fra/tr.) m.t.
28. Fayolle, Fernand (Fra/tr.) m.t.
29. Buse, Herman (Ale) m.t.
30. Guiramand, Marius (Fra/tr.) a 54'42"
31. Mauclair, Joseph (Fra) a 1h.04'33"
32. Lamb, Richard (Aus) a 1h.08'47"
33. Henri, François (Fra/tr.) m.t.
34. Maréchal, Jean (Fra) a 1h.12'34"
35. Goedhuis, Julius (Bel/tr.) m.t.
36. Brugère, Robert (Fra/tr.) m.t.
37. Venot, Lazare (Fra/tr.) m.t.
tr.: categoría turista-routier.
m.t.: mismo tiempo.
Abandonos de la 23ª etapa
105 Van Grootenbruele, Robert (Bel/tr.)
108 Pancera, Giuseppe (Ita/tr.)
109 Catalini, Alessandro (Ita/tr.)
126 Buttafocchi, Adrien (Fra/tr.)
tr.: turista-routier.
Clasificación general individual tras la disputa de la 23ª etapa
1. Magne, Antonin (Fra) --------
2. Demuysére, Jef (Bel) a 12'56"
3. Pesenti, Antonio (Ita) a 22'21"
FOTO : Etapa Charleville-Malo: En el pavés de Bas-cotés, los tres fugados: Gaston Rebry, Jef Demuysére y Antonin Magne que aguanta como puede el terrible arreón de los belgas.
23ª ETAPA, Charleville - Malo les Bains,
de 271 kilómetros,
sábado, 25 de julio de 1931
La famosa carta que alertó a Magne
La última amenaza para el liderato de Antonin Magne se presentaba en esta penúltima etapa, de Charleville a Malo les Bains. Era una etapa que discurría por tierras de las Ardenas, con bastantes repechos llenos de pavés, muy conocida por los corredores belgas y también muy esperada. Preocupado por lo que pudiera ocurrir, Magne no podía dormir la tarde-noche anterior. Cansado de oírle, su compañero de habitación, André Leducq, le sugirió que leyera algo de la correspondencia de sus admiradores. Así se entretendría...
Tirado en la cama, "Tonin" se distraía abriendo las epístolas mientras esperaba la llegada del masajista del equipo para aliviarle los nervios. Quizás fuera la curiosidad, quizás el destino, pero entre aquellas cartas, le llamó la atención una de formato más grande que las demás sellada en Bélgica, cerca de donde había nacido y residía Demuysére. Abrió el sobre... La carta estaba firmada por un francés y de inmediato despertó la curiosidad del corredor. Decía así:
«A la atención del Sr. Magne:
Admirado señor Magne, le escribo estas líneas porque la casualidad me ha hecho conocedor de una información que, de seguro, le será útil, muy útil en el transcurso del presente Tour de Francia. Soy francés y vivo cerca de la familia de Demuysére y he tenido noticias, a través de una confidencia inimaginable, que su rival, con el apoyo total de su amigo Gaston Rebry, ha comunicado a los suyos que se dispone a ganar el Tour en la etapa del pavés, donde lanzará un ataque de grande proporciones. Asímismo, le indico que Gaston Rebry escribió esta tarde (con fecha 20 de julio) a su madre diciéndole que atacaría junto a Demuysére en la citada etapa de Charleville. Como francés y como admirador suyo le deseo la mayor fortuna. Le saluda atentamente J.G.».
En la carta también se informaba que en Menin, en el bar regentado por los padres del citado Rebry –especialista consumado en el pavés–, no se hablaba de otra cosa que de la ofensiva que su hijo iba a provocar para favorecer a Demuysére (tercero en la general) en la carretera de pavés que conduce a Malo Les Bains.
Nunca supo quien era J.G., pero la información le valió de mucho a Magne. El matasellos de la carta era del citado pueblo de Menin.
La misiva dejó pensativo a Magne. Le costaba trabajo creerse la confidencia, pero... ¿y si era verdad? En la cena lo comentó con sus compañeros Leducq y Pélissier. Ambos soltaron una enorme carcajada, pero la reacción de éstos dos ilustres veteranos del pelotón no desanimó a Magne. «Por si acaso, estaré atento desde la salida misma de Charleville» –se dijo para sí mismo.
André Leducq, que no era líder aquel año, se rió y bromeó con la carta durante la noche; pero Magne si tuvo la información en cuenta... Poco antes de la salida optó por colocar en su bicicleta un fuerte desarrollo –49 dientes delante y una piñata triple con el 18, el 17 y el 16 detrás–, además de unos neumáticos muy ligeros –de apenas 380 gramos– para seguir la estela de los dos clasicómanos belgas...
Bienvenidos al espectáculo: El desesperado ataque de Demuysère y Rebry, y la épica defensa de Magne
El día siguiente amaneció lluvioso y frío, y convidaba a un ataque del experto Gastón Rebry sobre el temible pavés... El belga había ganado la París-Roubaix en abril de aquel año y conocía muy bien el terreno. Estaba en su casa y era su etapa. A su compañero de equipo, Jef Demuysère, también le venía bien el terreno. No obstante había ganado allí la cercana "Omloop der Vlaamse Gewesten" en primavera.
En la salida, Antonin Magne abrió bien los ojos, miró a los rostros de unos y de otros, escrutando las miradas, intentando adivinar las intenciones de los belgas, habló con sus coequipiers para que se mantuvieran vigilantes, especialmente con Rebry y a Demuysére, y, lo más importante, desde el primer momento se mantuvo cerca de los citados.
Nada en los primeros compases de la prueba hacía presagiar las intenciones de los belgas. Bajo una intensa lluvia, los corredores rodaron tranquilos hasta Etroeungt.
Pero a unos sesenta kilómetros de la llegada (km 211), en la intrincada y zigzagueante travesía de Baslieu, Gaston Rebry atacó, como tenía previsto, a la salida de una curva, poco antes de un fuerte repecho, llevándose a rueda a un desafiante Jef Demuysére. Atacar ahí más parecía un suicidio que otra cosa, pero la pareja belga hizo hueco en poco tiempo. André Leducq, que estaba mal colocado, vio el movimiento. Tras unos momentos de nerviosismo y desventaja, él y Antonin Magne, en un esfuerzo sobrehumano, lograron contactar con el peligroso dúo. La batalla acababa de comenzar por aquellas carreteras llenas de fango, adoquinado resbaladizo, socavones, estrechos arcenes y rieles de tranvía que atrapaban a los ciclistas a las primeras de cambio...
Rebry y Demuysère, con Magne a su estela, seguían abriendo brecha. Leducq, tras dejar bien situado a su compañero, no pudo con el fuerte ritmo y cedió.
Magne, menos experimentado que los dos flamencos, sufría lo indecible en el adoquinado. Su bicicleta resbalaba una y otra vez y tenía que hacer esfuerzos gigantescos para evitar la caída. Bajo la gélida lluvia, diez..., veinte veces estuvo el líder a punto de descolgarse en los baches del pavés, por donde los dos belgas le obligaban a rodar. En solitario, herido de muerte en su liderato, se negaba a ceder. Con el paso de los kilómetros su ritmo se resentía y la fatiga era enorme, pero su acerada voluntad le mantenía cerca de sus enemigos.
En Valenciennes, cuando llevaban un minuto largo de ventaja sobre un pequeño grupo perseguidor, el francés, muy nervioso, se cayó una primera vez al saltar alocadamente sobre unos railes de tranvía y poco después repitió en otra de sus maniobras equilibristas en pleno adoquinado. Rebry evitó el accidente por poco, pero, molestado por la caída de Magne, tuvo que echar pie a tierra, perdiendo unos metros intrancesdentes con su compañero Demuysère. De inmediato, Demuysére y Rebry redoblaron su esfuerzo, dispuestos a eliminar al francés.
Magne, hundido, con el cuerpo magullado y con escalofríos por todas partes, se sentó en el arcén. Dijo que no podía más y que abandonaba. Su director trataba de convencerle, exponiéndole toda clase de argumentos para que continuara. Como veía que sus esfuerzos dialécticos no daban fruto, propinó una bofetada a su pupilo y lo subió en la bicicleta.
Tras cinco kilómetros de angustia, encendido como estaba, Magne tomó de nuevo contacto con la sorprendida pareja de belgas. No se descolgaría más. Se puso a cola de los dos, negándose a tirar. Las diferencias eran enormes con respecto al pelotón y sacar más tiempo carecía de importancia. Por su parte, los belgas maniobraban continuamente para dejarle de cara al viento con algún pequeño abanico e incluso intentaron tirarle a la hierba con algún empujón que otro. Para el francés se trataba únicamente de concentrarse en el estado de los caminos y la conversación de los belgas... «Cuando oía ¡links! en chapurreado flamenco-francés, torcía a la izquierda; cuando oía ¡rechts!, doblaba a la derecha». Magne se defendía bien, pero la pareja belga constantemente se turnaba en los ataques. Peleó por mantener el contacto y aguantó el ritmo infernal hasta el final de la etapa.
En Maubeuge, la ventaja con el grupo perseguidor era de nueve minutos; en Lille, la cosa se había ido a once; y en la meta de Malo les Bains, donde el belga Gastón Rebry se impuso al sprint, la diferencia definitiva era de 17'34" sobre un primer grupo perseguidor encabezado por André Leducq. No importaba. Antonin Magne estaba agotado, pero había resistido perfectamente el último asalto. Al día siguiente sería la apoteosis en París...
Aunque los belgas no consiguieron su objetivo principal, su movimiento no fue en vano. Demuysére se aupó hasta el segundo puesto en la clasificación general, en detrimento del italiano Antonio Pesenti.
Con este parcial fracaso en el intento de los belgas de abordar el liderato, el Tour estaba casi finalizado. Magne había resistido lo suficiente para conquistar su primera Grande Boucle.
Clasificación de la 23ª etapa,
Charleville-Malo Les Bains,
de 271 kilómetros,
sábado, 25 de julio de 1931
1. Rebry, Gaston (Bel) en 8h.08'16" (media: 33,301 kms/h)
2. Magne, Antonin (Fra) a 0'11"
3. Demuysére, Jef (Bel) m.t.
4. Leducq, André (Fra) a 17'34"
5. Dewaele, Maurice (Bel) m.t.
6. Metze, Erich (Ale) m.t.
7. Pesenti, Antonio (Ita) m.t.
8. Opperman, Hubert (Aus) m.t.
9. Stoepel, Kurt (Ale) a 18'24"
10. Vervaecke, Julien (Bel) a 23'37"
11. Schepers, Alfons (Bel) m.t.
12. Büchi, Albert (Sui) m.t.
13. Thierbach, Oskar (Ale) a 29'25"
14. Siegel, Alfred (Ale) m.t.
15. Bulla, Max (Aut/tr.) a 30'36"
(1º en la categoría de turista-routier)
16. Bernard, René (Fra/tr.) a 32'47"
(2º en la categoría de turista-routier)
17. Geyer, Ludwig (Ale) a 36'55"
18. Pélissier, Charles (Fra) m.t.
19. Di Paco, Rafaele (Ita) m.t.
20. Péglion, Louis (Fra) a 39'13"
21. Faure, Benoit (Fra) m.t.
22. Sieronski, Herbert (Ale) a 40'40"
23. Van Vierst, André (Fra/tr.) a 42'21"
(3º en la categoría de turista-routier)
24. Pipoz, Roger (Sui) m.t.
25. Orecchia, Michele (Ita) a 53'38"
26. Battesini, Fabio (Ita) m.t.
27. Bajard, Louis (Fra/tr.) m.t.
28. Fayolle, Fernand (Fra/tr.) m.t.
29. Buse, Herman (Ale) m.t.
30. Guiramand, Marius (Fra/tr.) a 54'42"
31. Mauclair, Joseph (Fra) a 1h.04'33"
32. Lamb, Richard (Aus) a 1h.08'47"
33. Henri, François (Fra/tr.) m.t.
34. Maréchal, Jean (Fra) a 1h.12'34"
35. Goedhuis, Julius (Bel/tr.) m.t.
36. Brugère, Robert (Fra/tr.) m.t.
37. Venot, Lazare (Fra/tr.) m.t.
tr.: categoría turista-routier.
m.t.: mismo tiempo.
Abandonos de la 23ª etapa
105 Van Grootenbruele, Robert (Bel/tr.)
108 Pancera, Giuseppe (Ita/tr.)
109 Catalini, Alessandro (Ita/tr.)
126 Buttafocchi, Adrien (Fra/tr.)
tr.: turista-routier.
Clasificación general individual tras la disputa de la 23ª etapa
1. Magne, Antonin (Fra) --------
2. Demuysére, Jef (Bel) a 12'56"
3. Pesenti, Antonio (Ita) a 22'21"
FOTO : Etapa Charleville-Malo: En el pavés de Bas-cotés, los tres fugados: Gaston Rebry, Jef Demuysére y Antonin Magne que aguanta como puede el terrible arreón de los belgas.
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